Architecture

Where the irrigation channels sing and the poplars grow

Date

12-02-2026

Code

9746

Promoter

Diputación de Granada + Fondos EDUSI + Ayuntamiento de Santa Fe

Builder

Urbana Infraestructuras e Ingeniería S.L.

Collaborators

Aparejador: Javier Sánchez Fernández
Colaboradores: Iuliia Polulikh, Juan Carlos Hodar Egea

En el umbral entre el Paseo del Señor de la Salud y la calle Pasaje Señor de la Salud, donde antaño confluyeron el Ramal de la Ermita —procedente de la Acequia Real Vieja— y la Acequia de la Pernala, nació la Acequia de la Cava. Hoy, en ese mismo lugar, vuelve a oírse el rumor del agua. La intervención parte de una lectura atenta del lugar, donde la memoria agrícola y el trazado de las antiguas infraestructuras hidráulicas revelan un pasado fértil, irrigado y permeable. La propuesta convierte lo que antes era una pista deportiva y un aparcamiento asfaltado en una chopera: una pieza de paisaje doméstico y agrícola, húmedo y vivo, al que se suman una acequia y una gran alberca de lectura.

En septiembre de 1931, durante la inauguración de la primera Biblioteca Pública de Fuente Vaqueros —el pueblo de la Vega donde nació—, Federico García Lorca iniciaba su discurso describiendo aquel lugar como “edificado sobre el agua”1, donde “por todas partes cantan las acequias y crecen los altos chopos”.

La nueva biblioteca pública, decía, era símbolo de esperanza, alimento y dignidad. Casi un siglo después, esta intervención en Santa Fe recoge ese legado: la memoria de un territorio fértil y compartido, de un paisaje cultivado que en muchos puntos ha desaparecido, pero que pervive en el imaginario colectivo. Esta biblioteca no solo pretende transformar un antiguo colegio en un nuevo espacio cultural, sino devolver a Santa Fe algo que le pertenece: el rumor del agua, la sombra de los chopos y el derecho a la lectura como parte de su identidad paisajística y ciudadana.

El proyecto se concibe como una reescritura del paisaje de la Vega dentro del corazón urbano de Santa Fe. A través de la recuperación de la tierra, la plantación de chopos y la incorporación de agua en superficie, el asfalto se transforma en un lugar permeable, cultivado, poroso. La acequia acompaña al visitante desde el acceso, trazando un recorrido que culmina en una gran alberca que no solo rememora las balsas tradicionales, sino que se convierte en un lugar para leer, descansar y estar. El perímetro de la alberca — sus muros contenedores de agua— se convierte en bancos y graderíos que acogen tanto la lectura individual como la actividad colectiva, multiplicando los espacios de biblioteca más allá de los muros del edificio. Antes de ingresar al edificio, el camino desciende en un punto a un patio semienterrado bajo la sombra de los chopos, donde la contención de la tierra se transforma en asiento.

La chopera —especie fuertemente ligada a la identidad de la Vega y al imaginario popular de Santa Fe—recupera su lugar como dispositivo ambiental, cultural y ecológico. Su sombra viva y cambiante, su sonoridad al viento, la caída estacional de sus hojas, contribuyen a generar una atmósfera ligada a lo rural, al frescor, a la lectura en calma. Esta operación no es ajena a los esfuerzos institucionales por recuperar la biodiversidad perdida en la Vega, donde en los últimos veinte años se ha perdido aproximadamente el 85 % de los árboles de esta especie, con consecuencias importantes para el ecosistema. Frente a ello, esta intervención propone hibridar dicha plantación con usos no productivos —culturales y de ocio— pensados para el habitante urbano, y no en las afueras, sino junto a sus casas.

En paralelo, el antiguo colegio se transforma para albergar la nueva biblioteca municipal. La intervención arquitectónica ha buscado restituir la claridad espacial del edificio original, eliminando añadidos y tabiques innecesarios para revelar de nuevo sus bóvedas y proporciones. Un nuevo pavimento de hormigón —en continuidad con los caminos exteriores— refuerza la idea de fluidez entre interior y exterior.

La operación más significativa es la gran apertura de arcos que atraviesan el edificio. En el sentido transversal, unos arcos de mayor dimensión conectan visualmente los distintos programas con el paisaje exterior: la chopera, el agua y los patios traseros de las casas medianeras, que se convierten en telón de fondo doméstico y vivo de la alberca. En sentido longitudinal, una secuencia de arcos menores articula los distintos espacios internos de la biblioteca, generando relaciones diagonales, transparencias y profundidad visual hacia las torres de la parroquia de La Encarnación, o el paisaje de cubiertas domésticas de Santa Fe. El arco, ya presente en la lógica constructiva original, se convierte aquí —abstraído, homogeneizado en blanco— en el motivo estructurador de la intervención contemporánea, generando un interior que pretende fluir hacia el exterior.

Una nueva vida comienza en el interior de lo que fue un colegio. La luz natural se filtra desde todas direcciones. El sonido del agua llega hasta el interior. Los lectores se dispersan entre salas silenciosas y bancos al aire libre. Y en ese cruce de memorias —de agua, de campo, de infancia—, el espacio se convierte en un lugar para estar, aprender y habitar.

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