The Aesthetic of Vanishing

“(…) lo que distingue al hombre del animal depende de la capacidad de hacer que las metáforas intuitivas se volatilicen en un esquema, es decir, la capacidad de disolver una imagen en un concepto (…)” (1)


Si en anteriores trabajos Fernando Alda se complace en compartirnos esos lugares encontrados como claros del bosque (2) en la Memoria de lo imaginado o en hacernos partícipes, en la Poética del esqueleto, de aquello que no se presenta de manera tan evidente en la realidad cotidiana de la arquitectura en construcción; en esta ocasión, rescata, quizá de un modo más intencionado, esos periodos de disolución temporal de la realidad. Aquellos que según Paul Virilio inventamos y que reemplazan a la verdadera realidad.

Cuando cada quien tiene, realmente, diferentes relaciones con el tiempo y el espacio; cada quien tiene esa libertad que nos permite la picnolepsia viriliana (3) , el fotógrafo congela un tiempo ausente y nos lo devuelve para que podamos hilar la historia completa, tal vez una nueva historia, rescatando esos momentos que forman parte de una dialéctica de la obra arquitectónica. En Pacific Center congela ese lapsus temporal y aquellos elementos efímeros que lo habitan, aquellos que nos pasan inadvertidos, otorgándoles un nuevo valor estético.

Alda nos brinda esta vez, con su particular manera de mirar y compartiendo la idea de la velocidad de Virilio como elemento que distorsiona las coordenadas espacio-temporales en los que aparece la ausencia, las distorsiones que ésta puede producir hasta provocar una desaparición total del sujeto. La desaparición como desvanecimiento del mundo material.

Asomándose por una mirilla al proceso constructivo, ratifica, como lo haría Proust, la idea sofista del ápate, la instantaneidad de la entrada posible en otra lógica, disolviendo los conceptos de verdad e ilusión, realidad y apariencia, dada por el Kairós (4) , el momento oportuno, la ocasión. Ese instante fugaz en el que aparece, metafóricamente hablando, una abertura. El lugar preciso que hay que atravesar necesariamente para conseguir su objetivo: conmovernos y hacer que nos cuestionemos no sólo la noción de tiempo presente, sino, y sobre todo, de instante real.

Nos abre así un espacio diferente, epiéikeia, que escapa a lo universal. Un mundo nuevo que no depende del azar sino de la sorpresa. Una ilusión del mundo presentada a través de sus instantáneas.

En esta serie fotográfica se hace plausible el hecho de que para Fernando Alda la fotografía no es un mero instrumento de comunicación sino una obra de arte y, una vez más, juega con ella desviando el contenido original para adoptar otro.


Silvia Escamilla


(1) Friedrich Nietzsche. En “El Libro del filósofo”.

(2) En su trabajo La memoria de lo imaginado, Attilio Manzi compara el descubrimiento del enorme valor estético que realiza el fotógrafo en gestos que respondían meramente a finalidades prácticas con los claros del bosque de María Zambrano: ese lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así.

(3) También llamado petit-mal, es un término utilizado por Paul Virilio en La Estética de la Desaparición, definido como crisis de ausencia, breves episodios de alteración del estado de consciencia. El tiempo de nuestra existencia transcurre en instantes que fluyen linealmente sin interrupción, pero el petit mal produce cortes y el sujeto queda sustraído de esta continuidad.

(4) En griego antiguo καιρός es un concepto de la filosofía griega que representa un lapso indeterminado de tiempo en el cual, algo importante sucede. Su significado literal es «momento adecuado u oportuno».

Date
28/06/2018

completion date
01/07/2018

Temáticas
Architecture

technique
Color Digital




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